Con permiso de la autoridad competente, como el tiempo sigue amenazando pero sin impedir nada, Dios Mediante dejadme que os cuente algo:
Una mañana más los titulares en los medios se refieren a la evolución de la señora Saharaui. Ahora resulta que ha decidido ir al hospital, a curarse, a tratarse, a seguir haciendo lo que sea que hace, pero sin poner en riesgo su vida. Lo celebro, enormemente. Primero porque no es agradable que nadie ande poniendo en riesgo su vida así, por las buenas, para reivindicar nada. Que las reivindicaciones son maravillosas, necesarias, recomendables, pero la vida es algo maravilloso que merece ser disfrutado, sin tener que arriesgarla para pedir que hagan lo que uno considere justo.
En segundo lugar, celebro que esta señora haya decidido dejar de arriesgar su vida porque así, quizá abandonen nuestros políticos ese debate tan vacío y se pongan manos a la obra a intentar solucionar los problemas reales de nuestro país, los tuyos y los míos.
Problemas como el que tienen los taxistas, que se sienten traicionados por una ley que podría generar que cualquier hijo de vecino coja su coche y ejerza, así, por las buenas, sin licencia ni nada.
Eran otros tiempos, otros años, otro momento, otra sociedad, cuando la gente veía que los debates políticos tenían cierta relación, aunque solo fuese de refilón, con las cosas que verdaderamente preocupaban a los españolitos.
Hablando de preocupaciones, es para hacerse mirar que la mitad, aproximadamente, de los ayuntamientos valencianos se estén viendo obligados a pedir créditos para poder pagar las nóminas a sus trabajadores. Algo anda mal, pero que muy mal, para que en un visto y no visto hallamos llegado a un punto en el que, ni tan siquiera los ayuntamientos consigan pagar sus facturas.
Ryanair, la aerolínea de bajo coste, ha decidido montar su base operativa en Málaga, ante la falta de acuerdo con el gobierno de la Generalitat Valenciana. Al parecer pedían un canon disfrazado de inversión que no han accedido a pagar.
Entre tantas cosas de estas que pasan, resulta que ayer Francisco Pons, que es el presidente de la asociación valenciana de empresarios, dijo una frase de esas que piden mármol: “hay que trabajar más y esperar menos del gobierno”. Resulta duro, pero seguramente el señor Pons, que digo yo que debe conocer bien de cerca los problemas por los que pasan los empresarios en estos tiempos, acaba de poner el dedo en la llaga, reflejando la situación actual y la actitud de la casta política.
Los políticos, ya sabes, polisarios por aquí, estatutos por allá, leyes de economía sostenible…lo de siempre. Los empresarios, al menos los valencianos, deciden mirar al frente, tragar saliva y, como el vaquilla, tirar p’alante.
Mientras los sindicatos pierden cada vez más su prestigio y nivel de representación, con actuaciones tales como alabar al gobierno pase lo que pase y engatusar al trabajador con artes de prestidigitador, animando a culpar al empresariado, pocas soluciones podremos esperar de ellos.
Eso sí, fotos, las que quieras.
Debe ser cierto que las cosas andan mal para todos, porque el PSPV ha rechazado hacer una campaña de captación por ser demasiado cara. Me explico, los compañeros del señor Alarte, se han dado cuenta de que en la Comunidad Valenciana no tienen demasiado respaldo social, de que las cosas no andan bien para ellos y que lo de darle la vuelta a la situación política, está bastante complicado. Así que decidieron hacer cosas, emprender campañas para recuperar apoyo social, pero, visto lo visto, o han pensado que no vale la pena, o no hay dinero para esas cosas. Quizá un poco de todo, no lo sé.
Existe algo llamado “pacto antitransfuguismo”. Al parecer, se dedican a estudiar las cosas que no están claras en esto del cambio de cromos político. Al decir digo donde se dijo diego, pero a hacerlo cambiando de partido. Total que estos señores, andan centrados ahora en el asunto de la madre de la señora Pajín y lo acontecido en el ayuntamiento de Benidorm.
Será porque llega la Navidad y nos ponemos todos tiernos, o será que estamos encaminándonos hacia el imperio del sentido común, pero el caso es que da la sensación de que en España empieza a haber gente que, como el que suscribe, pasa de comulgar con ruedas de molino.
Una mañana más los titulares en los medios se refieren a la evolución de la señora Saharaui. Ahora resulta que ha decidido ir al hospital, a curarse, a tratarse, a seguir haciendo lo que sea que hace, pero sin poner en riesgo su vida. Lo celebro, enormemente. Primero porque no es agradable que nadie ande poniendo en riesgo su vida así, por las buenas, para reivindicar nada. Que las reivindicaciones son maravillosas, necesarias, recomendables, pero la vida es algo maravilloso que merece ser disfrutado, sin tener que arriesgarla para pedir que hagan lo que uno considere justo.
En segundo lugar, celebro que esta señora haya decidido dejar de arriesgar su vida porque así, quizá abandonen nuestros políticos ese debate tan vacío y se pongan manos a la obra a intentar solucionar los problemas reales de nuestro país, los tuyos y los míos.
Problemas como el que tienen los taxistas, que se sienten traicionados por una ley que podría generar que cualquier hijo de vecino coja su coche y ejerza, así, por las buenas, sin licencia ni nada.
Eran otros tiempos, otros años, otro momento, otra sociedad, cuando la gente veía que los debates políticos tenían cierta relación, aunque solo fuese de refilón, con las cosas que verdaderamente preocupaban a los españolitos.
Hablando de preocupaciones, es para hacerse mirar que la mitad, aproximadamente, de los ayuntamientos valencianos se estén viendo obligados a pedir créditos para poder pagar las nóminas a sus trabajadores. Algo anda mal, pero que muy mal, para que en un visto y no visto hallamos llegado a un punto en el que, ni tan siquiera los ayuntamientos consigan pagar sus facturas.
Ryanair, la aerolínea de bajo coste, ha decidido montar su base operativa en Málaga, ante la falta de acuerdo con el gobierno de la Generalitat Valenciana. Al parecer pedían un canon disfrazado de inversión que no han accedido a pagar.
Entre tantas cosas de estas que pasan, resulta que ayer Francisco Pons, que es el presidente de la asociación valenciana de empresarios, dijo una frase de esas que piden mármol: “hay que trabajar más y esperar menos del gobierno”. Resulta duro, pero seguramente el señor Pons, que digo yo que debe conocer bien de cerca los problemas por los que pasan los empresarios en estos tiempos, acaba de poner el dedo en la llaga, reflejando la situación actual y la actitud de la casta política.
Los políticos, ya sabes, polisarios por aquí, estatutos por allá, leyes de economía sostenible…lo de siempre. Los empresarios, al menos los valencianos, deciden mirar al frente, tragar saliva y, como el vaquilla, tirar p’alante.
Mientras los sindicatos pierden cada vez más su prestigio y nivel de representación, con actuaciones tales como alabar al gobierno pase lo que pase y engatusar al trabajador con artes de prestidigitador, animando a culpar al empresariado, pocas soluciones podremos esperar de ellos.
Eso sí, fotos, las que quieras.
Debe ser cierto que las cosas andan mal para todos, porque el PSPV ha rechazado hacer una campaña de captación por ser demasiado cara. Me explico, los compañeros del señor Alarte, se han dado cuenta de que en la Comunidad Valenciana no tienen demasiado respaldo social, de que las cosas no andan bien para ellos y que lo de darle la vuelta a la situación política, está bastante complicado. Así que decidieron hacer cosas, emprender campañas para recuperar apoyo social, pero, visto lo visto, o han pensado que no vale la pena, o no hay dinero para esas cosas. Quizá un poco de todo, no lo sé.
Existe algo llamado “pacto antitransfuguismo”. Al parecer, se dedican a estudiar las cosas que no están claras en esto del cambio de cromos político. Al decir digo donde se dijo diego, pero a hacerlo cambiando de partido. Total que estos señores, andan centrados ahora en el asunto de la madre de la señora Pajín y lo acontecido en el ayuntamiento de Benidorm.
Será porque llega la Navidad y nos ponemos todos tiernos, o será que estamos encaminándonos hacia el imperio del sentido común, pero el caso es que da la sensación de que en España empieza a haber gente que, como el que suscribe, pasa de comulgar con ruedas de molino.

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