Todos nos estremecimos cuando vimos caer a Edu Gaspar con tremendo gesto de dolor que ya presagiaba que algo no andaba bien en su rodilla. Era un gesto que nos traía recuerdos demasiado familiares y demasiado recientes. Se confirmó lo peor y el jugador debería estar seis meses de baja. Tras la confusión y desazón iniciales se tomó la decisión de que el jugador viajaría a Brasil, donde debía recuperarse en casa y con todas las comodidades; asistido por sus médicos de confianza. Pañuelos de despedida en el aeropuerto y deseos de pronto regreso y fugaz recuperación.
Los problemas empezaron cuando Edu regresó, en el teórico ecuador de su recuperación y hablando de dietas y falta de peso. A partir de ahí, en un año en el que las lesiones, al margen de lastre para el equipo, son tema tabú.
Total que se arma el lío y Edu se vuelve a Brasil a seguir con su recuperación. Pasan los meses y cuando ya nadie se acordaba del jugador que fuera llamado John Smith, resulta que aparece. Llega procedente de Brasil, llega después de seis meses y llega......¿lesionado? Algo raro pasa. Recapitulemos: un jugador se lesiona y decide irse 6 meses a Brasil para recuperarse, viene a los 3, se queja de que estaba muy flaco cuando se lesionó, se vuelve a marchar, al cabo de tres meses más regresa a Valencia lesionado. Resulta que ahora es que tenía una lesión, al margen de lo que fue a tratarse a Brasil, que no era la misma, que debía haber sido intervenida...En resumen, que Edu sigue lesionado. Si es lo mismo o no, qué queréis que os diga, ni soy médico ni tengo especiales ganas de serlo, por lo que, me permitiréis que no entre a valorar tal cosa.
El asunto es grave. Edu se va 6 meses a Brasil, vuelve lesionado y aquí no pasa nada. Quien lo entienda que me lo explique.
jueves, 24 de mayo de 2007
Intensidad perdida
Acaba de decir Salva Ballesta, jugador del Levante, ex pichichi y ex otras muchas cosas, que "si el Levante hubiera entrenado toda la temporada con tanta intensidad (como hoy lo ha hecho) no estaríamos en la situación en la que nos encontramos ahora".
A primera vista razón no le falta, la intensidad suele ir ligada a la competitividad y ésta al rendimiento. Pero claro, ¿cómo quedarse ahí? no no. No podemos, no debemos quedarnos en el plano superficial de una afirmación (no ausente de perogruyo) tan contundente como la que aquí analizamos. Vayamos más allá: el problema, la cuestión es ¿por qué no se entrena siempre con tanta intensidad? o mejor, ¿esconde alguna oscura intención bajar el nivel de los entrenamientos? ¿sale alguien beneficiado con unos entrenamientos "a medio gas"? Por partes...
En primer lugar hay que ser justos con lo visto hasta hoy. López Caro con sus métodos y Abel con los suyos han intentado a lo largo de esta temporada que toca a su fin conseguir un objetivo que se encuentra, por fin, al alcance de la mano. El problema es grave: intensidad, compromiso, actitud...No se pretende transmitir la idea de un equipo roto, un vestuario carente de espíritu colectivo, no es eso.
Tampoco hablamos de una guerra de guerrillas, de clanes que batallan por marcar el territorio, sumar enteros, derrotar oponentes y realizar conquistas, tampoco se trata de esto.
Ni tan siquiera el problema gira en torno al ego de algunos, recordemos que hay quien ha dicho repetidas veces que ha jugado semifinales de Champions, un ego que le impide trabajar en beneficio colectivo, no.
El problema se llama relajación. Relajación entendida en el sentido más estricto de la palabra. La relajación de quien sabe que lo tiene todo hecho, todo pagado y que sólo por pasar le saludan. Es un problema grave, como decíamos. Resulta que hay quien piensa que "todo vale", que todo da igual, que no hay mayor problema que combinar zapatos, cinturón y reloj.
El respeto, como el sueldo hay que ganárselo, hasta ahí todos de acuerdo, pero coincidermos en que al margen de lo expuesto, las entidades y la afición que va detrás de ellas, deben ser respetadas. Pues eso, que más respeto, más goles, más intensidad, más casta......en una palabra más PROFESIONALIDAD.
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