Claro, fácil, siéntate delante del teclado y escribe una columna, hasta ahí nada extraño o poco habitual. El problema es el contenido, el problema es tratar de opinar sobre algo que no termina de entender….nadie.
Por partes. En un principio podríamos hablar de la Fundación, de irrecordable nombre y que con tanto acierto parodia el genio que lleva por nombre Jorge Benavent. La Fundación, ese ente, esa realidad que a diario nos empuja a recordar que todo puede cambiar, es cuestión de tiempo. Cuentan las crónicas que en un Karaoke, de cuyo nombre y ubicación no quiero acordarme, se “homenajea” a según quien al ritmo de la ranchera de rancheras.
Sí, pero no. Me explico para tratar de entenderme a mí mismo, más que pretendiendo que entienda quien lee. Villarroel tenía las acciones, las cedió a La Fundación, las recuperó y ahora se las cede a Julio Romero. Básicamente es eso…pero no. Las recomendaciones pasarían por no tratar de buscar motivos, no tratar de comprenderlo.
Comunicados que van y vienen, declaraciones que se cruzan y en el fondo, unos profesionales que cobran mal, tarde y en un porcentaje muy bajo de sus contratos. En estos días está de moda aquello de “la niña de….”, pues esto sería parecido: “yo pienso en una niña. Una niña que crece feliz pensando que podrá jugar donde quiera, que tendrá equipajes, balones…” el resto de la historia es previsible. Una niña que no sabe quién es el presidente, el máximo accionista, quién manda o deja de mandar, una niña que ha firmado su contrato y que no cobra, pero no sabe a quién pedirle que pague…Vamos, que la niña anda medio loca, que no tiene ni idea de lo que está pasando y a la que no sabemos qué decir.
Por lo menos queda el consuelo de saber que en esto de el fútbol, ya nadie dice aquello de Buenas Noches y Buena Suerte. Qué razón tenía el arriero: no hay que llegar primero, hay que saber llegar.
jueves, 13 de marzo de 2008
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