Con permiso de la autoridad competente, puesto que el tiempo no lo impide, Dios Mediante, dejadme que os diga algo:
Ha días que venimos hablando del manido Estatut. De una maniobra soberanista e imperialista sin precedentes en la historia de la democracia española. Nos referimos a cercenar los derechos de unos en beneficio de otros. El asunto está en manos de la justicia, pero, claro, con lo que llueve últimamente en este país, al menos yo no confío en ninguna solución satisfactoria.
La política es cosa de políticos y, parece, que sólo ellos pueden entenderla. Quizá sea mejor así, quizá sea mejor que no intentemos meternos en cada uno de los jaleos diversos que cuajan a diario, porque, claro, el asunto sería harto complicado si cada uno de nosotros tuviese que intentar comprender porque, y cada vez más, la historia va de defender lo indefendible.
Los padres de un niño que murió atropellado, encima de la acera, se han quedado sin palabras al conocer la multa del conductor que atropelló mortalmente a su hijo: 300 euros. No es que queramos jugar a jueces, ni hacer de la demagogia un modo de vida, pero, claro, es hay cosas de esas que a uno le escaman y, qué queréis que os diga, esa es una de ellas. Es imposible pensar en la justicia, así en genérico, y no pronunciar un suspiro como de hartura, hartazgo, o cualquiera que sea la palabra que cuadre aquí, como diciendo, “¿será posible?”
Un atunero, otra vez es noticia. En este caso, porque han tenido (gracias a Dios) la cautela de actuar ante un posible secuestro. Es curioso, los disparos de estos marineros, además de acertar, hicieron ruido. Curioso, verdad?
El lehendakari ha pedido perdón, o algo así, a las víctimas de ETA. Está cambiando algo, ¿o es que, resulta que las circunstancias nos hacen valorar cosas tan básicas como, dejar de lado a los asesinos?
Lunes frío, semana caliente, seguro.
Ha días que venimos hablando del manido Estatut. De una maniobra soberanista e imperialista sin precedentes en la historia de la democracia española. Nos referimos a cercenar los derechos de unos en beneficio de otros. El asunto está en manos de la justicia, pero, claro, con lo que llueve últimamente en este país, al menos yo no confío en ninguna solución satisfactoria.
La política es cosa de políticos y, parece, que sólo ellos pueden entenderla. Quizá sea mejor así, quizá sea mejor que no intentemos meternos en cada uno de los jaleos diversos que cuajan a diario, porque, claro, el asunto sería harto complicado si cada uno de nosotros tuviese que intentar comprender porque, y cada vez más, la historia va de defender lo indefendible.
Los padres de un niño que murió atropellado, encima de la acera, se han quedado sin palabras al conocer la multa del conductor que atropelló mortalmente a su hijo: 300 euros. No es que queramos jugar a jueces, ni hacer de la demagogia un modo de vida, pero, claro, es hay cosas de esas que a uno le escaman y, qué queréis que os diga, esa es una de ellas. Es imposible pensar en la justicia, así en genérico, y no pronunciar un suspiro como de hartura, hartazgo, o cualquiera que sea la palabra que cuadre aquí, como diciendo, “¿será posible?”
Un atunero, otra vez es noticia. En este caso, porque han tenido (gracias a Dios) la cautela de actuar ante un posible secuestro. Es curioso, los disparos de estos marineros, además de acertar, hicieron ruido. Curioso, verdad?
El lehendakari ha pedido perdón, o algo así, a las víctimas de ETA. Está cambiando algo, ¿o es que, resulta que las circunstancias nos hacen valorar cosas tan básicas como, dejar de lado a los asesinos?
Lunes frío, semana caliente, seguro.
