viernes, 27 de noviembre de 2009

El Cañonero

Con permiso de la autoridad competente, puesto que el tiempo no lo impide, Dios mediante dejadme que os diga algo:

La posición estratégica de España en el concierto internacional, sería comparable a la de aquella vez que las ministras posaron para Vogue, o esta otra, más reciente, de la portada del Vanity Fair; “arreglao pero informal”, vamos, un churro. Como ese niño, de 15 años, que va por primera vez a una Discoteca. Ve a todos mucho mayores, más habituados y se esfuerza por encajar. Ya sabes, cara de malo, sin bailar, mirando a todos lados, con el codo torpemente apoyado en la barra y, sin saberlo, siendo foco de las miradas divertidas de los veteranos del lugar. El niño, de repente se fija en que nadie viste como él, que su pelo no está a la moda y que, los bailoteos del paisanaje son como muy raros y, lo más preocupante, que no tiene ni idea de cómo mover su insignificante cuerpo con esos ritmos.

El quinceañero, poco a poco se va soltando. Imita a sus congéneres, pasos de baile, actitudes, miradas desafiantes…pero claro, no es lo mismo. Como no es lo mismo ver que mirar, u oír que escuchar. Nuestro atrevido púber, sin darse cuenta, creyéndose cada vez más adaptado, hace cada vez más el ridículo y centra miradas, más que divertidas burlescas. Es como si, de repente, irrumpe un presidente de un país, empieza con sus teoremas filántropos y alianzas varias. Con perdón, descojono general.

Total, que se monta el lío, un jaleo de esos grandes, secuestran un pesquero...a lo que vamos, que el Parlamento Europeo, ha criticado lo que ha venido a denominar “actitudes débiles” del Gobierno de España ante los piratas del caso Alacrana.

Innegociable. Curiosa palabra. Resulta que hay cosas innegociables. Hasta aquí, todo hijo de vecino coincide. Innegociable es negociar con terroristas, secuestradores y demás cobardes que sólo conocen el idioma de las pistolas. Innegociable es la identidad de un pueblo. Es innegociable la integridad de un gobierno, como lo es la libertad de expresión. Es innegociable la capacidad de gestionar los recursos propios. Innegociable es, que mi casa es mía y no de un okupa. Innegociable es el derecho de un padre a, al menos opinar, sobre la educación de su hijo. Que no se me olvide, innegociable es, también, nos lo ha dicho la ministra, Doña Bibiana, que una niña de 16 años, se someta a una operación para abortar sin que sus padres lo sepan. Si tiene apendicitis, los padres deben autorizar, pero para abortar no, ya sabes, innegociable.

Si estos días os encontráis un helicóptero sobrevolando, más bajo de lo normal, campos, zonas rurales, chalés, terrazas, ventanas, balcones o azoteas, que nadie se alarme. Esto se debe a que la Guardia Civil va a rastrear la Comunidad Valenciana desde el aire, en busca de plantaciones de marihuana.

A diario hay asuntos que sorprenden, que dejan al más pintado boquiabierto. Me refiero al asunto de Terra Mítica. Llevamos oyendo, desde algunos sectores de la opinión política y politizada, que el parque es un desastre, que es un agujero en el que se pierden montones de euros anualmente. De acuerdo, bien, correcto, posible, aceptable. Pero claro, cuando ya nos hemos hecho a la idea de que le quedan dos telediarios, resulta que sale a subasta su alquiler, hay empresas interesadas y encima, van a pagar 2 millones y medio de euros por ello. Algo no cuadra, al menos a mí.

Controvertido asunto este de la tauromaquia. Voces se alzan constantemente contra aquello de la sangre y la arena. Más recientes, aunque también vetustas, son las críticas al toro callejero. La última polémica versa sobre el “bou embolat”. El consejo de cultura pide que no se repita, pero de momento, seguiremos viendo en las calles de nuestros pueblos al astado humeante entre los complacidos festeros y los indignados antitaurinos.

Se pregunta Cándido Méndez, “¿porqué lo llaman reforma laboral, cuando quieren decir recorte?” Eso mismo me planteo yo, ¿porqué tenemos la costumbre de no llamar a las cosas por su nombre? Pero, claro, y si el problema no es de nomenclatura, y si el problema reside en algo más grave, y si resulta que el gobierno no tiene ninguna idea para salir de esta crisis, que, además de no existir está a punto de acabarse. Perdón, que ideas, hay, ya sabes, fiestón y economía sostenible.

Hablando de economía, vuelve a mi mente el follón de la fusión. Ya sabes, lo de Bancaja, la CAM, Caja Madrid y no sé cuántas cajas más. Hoy, nuevo capítlo y además doble. De un lado, el Banco de España que pide que se aclaren y que lo hagan por escrito y de otro, el Señor Olivas, presidente de Bancaja, defiende la confianza y la capacidad de su entidad para seguir sola, sin fusiones ni fisiones. Total, que aun nos queda bastante para saber cómo terminará esta historia.

Hay dos historias que se me cuelan, por diversos motivos en el relato informativo de hoy. Por un lado, la de la niña de tres años que se olvidaron 6 horas dentro de un autobús escolar y por otro, la de los hijos de un hombre que fue asesinado, que por no tener cómo pagarlo, no pueden recurrir la sentencia que, en su opinión deja libre a los asesinos de su padre.

Viernes, previa de muchas cosas. Fin de semana para descansar o para dejarse llevar por el maravilloso mundanal ruido que llena de glamour esta ciudad nuestra. Crecemos, señores. Esta Valencia no es la misma de antaño, es más grande, más nueva, más llena de todo. Quizá por eso levante envidias, miradas de soslayo y suspiros posesivos de quien desea lo que no tiene. ¿Será por eso que desde Cataluña se empeñan en “nacionalizarnos”? quizá sea eso, o quizá, simple capricho.

Sea como fuere, las cosas que pasan, pasan. El ritmo no para. Cada día algo nuevo. Qué alegría, qué alboroto…

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